27 feb. 2013

El Higuerón hace 50 años


¡Un, dos!  ¡Un, dos!  ¡Patata y arroz!  El ardor guerrero lo inoculaba aquel régimen militar.  Por lo tanto, es  normal que así de marcial marchara subiendo alegre las cuestas hacia Medina Azahara el batallón escolar de El Higuerón la primavera feliz de 1963. Una inocente milicia de seis a catorce años que estrenaba colegio y se abría a conocer el mundo. La primera lección que aprendieron de aquellas piedras: “Un pueblo culto creó una ciudad de ensueño; unos bárbaros la destruyeron”.

Hasta ese año, en El Higuerón no había escuelas públicas. Parece increíble: sólo hace 50 años. No pregunté cómo aprendía aquella infancia  a leer, a escribir y los conocimientos básicos para desenvolverse en la vida. Se notaba en las familias que no habían descuidado esfuerzos para salir del analfabetismo. A pesar de las carencias, había alumnos que poseían un nivel de conocimientos muy aceptable. Nunca he visto después en ningún otro lugar tanto entusiasmo por el trabajo de los nuevos maestros.

En diciembre de 1962, se crearon las cuatro escuelas unitarias (las llamadas “microescuelas”): dos de niñas y dos de niños, pues aún se discriminaba (“los niños con los niños; las niñas con las niñas”). La coeducación vino con la democracia. El nombramiento de los cuatro maestros se efectuó a finales de enero del siguiente año. No se pudo realizar el acto de apertura de las clases hasta mediados de febrero. Aún no habían dado el agua, pues tenían que terminar la instalación de un pequeño depósito que dotaría de agua corriente los cuatro servicios de las aulas y los cuatro aseos de las viviendas de los maestros, también “microviviendas”.

La empresa encargada de la instalación del agua pertenecía al señor Roses. ¿Quién era ese señor? Era el Secretario de la Junta Municipal de Enseñanza del Ayuntamiento de Córdoba. El mismo que firmaba los certificados de toma de posesión de cada maestro. O sea “don Juan Palomo, yo me lo guiso y yo me lo como”. Este buen señor fue dejando el asunto del agua sin importarle mucho que el curso se pasara y las escuelas no se abrieran. Lo que hoy llamamos corrupción, entonces eran privilegios de los jefes. Me tuvo yendo a diario durante medio mes a la oficina de “Almacenes Roses”, en avda. del Generalísimo (hoy Ronda de los Tejares) junto a la aún existente farmacia de Carandell, hasta que por fin me anunció que ya estaba todo arreglado.

En El Higuerón nos conocimos los cuatro maestros (mejor dicho, dos maestras y dos maestros): Dª Dolores, Dª Amparo, D. Benjamín y yo, José. Avanzaba ya el mes de febrero, cuando aquella mañana, al abrir las clases por primera vez, acudieron un sinnúmero de familias con sus niños y niñas como acuden puntuales las golondrinas anunciando la primavera. ¿Quién dio la noticia? Eso fue una incógnita. El caso es que allí estaban, con la ilusión de que sus retoños empezaran a disfrutar de lo que entonces ni siquiera se sabía que era su derecho a la educación.

La arquitectura de las aulas era bien simple, pero muy funcional. Constaba de dos módulos unidos en sus extremos en zigzag. Cada módulo estaba formado por dos aulas en línea separadas por dos aseos, retranqueados para dejar un zaguán de acceso, a izquierda y derecha,  a cada aula. Estas eran muy, muy luminosas ya que unas grandes cristaleras corrían a media altura a lo largo de las paredes laterales (como se aprecia en la foto). Enfrente de las aulas, cuyas entradas se orientaban al sur, a unos veinte metros, se alineaban en paralelo con las mismas las viviendas de los maestros, que, al menos durante los restantes meses de aquel curso, no se ocuparon. Entre ambas construcciones quedaba un espacio abierto de campo salvaje. Era el patio de recreo que, en pocos días y gracias a los juegos infantiles, quedó tan perfectamente alisado como la cabeza de un calvo, aunque se embarrara de cuando en cuando con las lluvias. El borde al este del campo lo delimitaba el pequeño depósito del agua y algunos arbolitos que creo recordar que plantamos. El borde de poniente lo marcaba la vereda de acceso desde la carretera que se adentra en la barriada. Así quedaba enmarcado el espacio de las escuelas, las viviendas y el campo de recreo, de unos mil metros cuadrados, situado a la izquierda de la mencionada carretera según se viene de la de Palma, lejos aún de las primeras viviendas del barrio que bordeaba alguna huerta.

11 feb. 2013

El carnaval de los perversos


Las máscaras ocultan la podredumbre de los perversos. La maldad compulsiva de ciertos gobernantes que nos hemos dado la estamos sufriendo con dolor, lágrimas y sangre. Cegados por la embriaguez del poder y el dinero endurecen sus sentimientos y amordazan sus conciencias. Sus vidas y sus conductas se instalan en ese par dialéctico: el poder propicia la riqueza; la riqueza consolida el poder. ¿Por qué no se imponen los políticos justos por encima de los poderes fácticos?

Aún no nos hemos repuesto de la muerte inducida de un buen hombre acosado por la injusticia de una ley inhumana  ¾que con la complicidad de la mayoría parlamentaria permite que la banca entre a degüeyo contra los más vulnerables ciudadanos¾ :Fran Lema Bretón, nuestro paisano, otra víctima que ha pagado con su vida los efectos de la siniestra Ley Hipotecaria. Que no se borre de nuestra memoria su pérdida ni el dolor de su esposa e hija. 

¿Qué podemos hacer los ciudadanos para cambiar estas políticas de la corrupción y del desastre? ¾nos venimos preguntando con insistencia¾. Convencernos de que hay alternativas, conocerlas y tener voluntad para plantarnos, organizarnos y exigírselas a los futuros gobernantes para que gobiernen sin máscaras. Solo mediante la transparencia radical es posible cambiar el sistema. La resignación equivaldría al suicidio social. Pero, ¿es posible quitarle la máscara a los perversos? Muchas veces, el pueblo unido lo ha conseguido de forma pacífica. Últimamente, algo se viene moviendo entre los ciudadanos más comprometidos, en España y en el resto del mundo. Aunque sería deseable que ese gran movimiento de presión social fuera compartido por los ciudadanos de los países de la UE para forzar el cambio de la errónea e ineficaz política actual dictada desde Bruselas.

A partir de la provisional propuesta del borrador ¾cuyo contenido he considerado conveniente ampliar¾ del Programa-Decálogo del Frente Cívico (un movimiento apartidista sin pretensión de gobernar, sino de conseguir una gran mayoría, un contrapoder que, desde el conocimiento de la nefasta realidad, presione al poder para llegar a cambiarla), planteo el siguiente Programa con la intención de, al menos, hacer pensar cómo se podría exigir de modo persistente y pacífico, en los medios, en la calle y en las urnas, una política alternativa posible más justa. Estos son los diez puntos ¾que no coincidirán con los que finalmente aprueben las asambleas del Frente Cívico¾ de mi personal modo de plantear el programa:

1. Salario Mínimo Interprofesional (SMI) de 1.000 euros al mes. Ninguna pensión por debajo del SMI. Aproximación de la prestación por desempleo al SMI. Planteamiento de la Renta Básica en situación de carencia.
2. Reforma Fiscal: progresividad, persecución del fraude fiscal, la economía sumergida y los paraísos fiscales. Revisión de la legislación sobre las Sociedades de Inversión de Capital Variable (SICAV). Dotar de infraestructura de todo tipo a la Inspección de Fiscal de la Hacienda Pública. Supresión de los privilegios fiscales de la Iglesia y otras instituciones.
3. Banca pública como corolario de la nacionalización de la banca privada y las cajas de ahorros. Reforma de la Ley Hipotecaria. Derecho universal a la vivienda.
4. Nacionalización de los sectores estratégicos de la economía y regularización de los sectores que provocan vulnerabilidad social. Ley sobre la Obsolescencia programada. Iniciativa estatal en investigación, desarrollo e innovación de energías limpias. Estricta legislación medioambiental.
5. Desarrollo de los contenidos de los Títulos Preliminar y VII de la Constitución. Supresión de la referencia a la Iglesia Católica (Art. 16.3). Restauración del Artículo 135. Cumplimiento del espíritu y la letra de la Carta Magna. Efectiva separación de poderes.
6. Control y democratización de los canales de distribución y comercialización del sector primario de la economía a fin de evitar situaciones de oligopolio que inciden negativamente sobre los precios pagados a los productores y sobre los precios pagados por los consumidores. Socialización del uso de la tierra.
7. Educación pública universal, de calidad, gratuita y laica. Educación democrática del ciudadano. Efectiva separación entre las iglesias y el Estado. Desarrollo de instrumentos conducentes a la inserción laboral juvenil.
8. Reforma del Sistema Electoral en el sentido de implantar otro proporcional, con las Comunidades Autónomas como circunscripción y un colegio nacional de restos tratando de que se cumpla “un ciudadano, un voto”. Ley de transparencia de la financiación de los partidos políticos.
9. Defensa y mejora de la Sanidad pública gratuita y universal con inclusión de los inmigrantes. Desarrollo de la investigación biomédica de vanguardia.
10. Defensa de las libertades civiles y participación ciudadana democrática en todos los niveles de la política. Posibilitar la recuperación de la voluntad, la voz y el voto del pueblo soberano ante el flagrante incumplimiento de los programas electorales. Perseguir  la corrupción.