24 jun. 2013

Pensiones con futuro (2)

Teorías económicas

Las pensiones, como el resto de las prestaciones sociales que conforman el llamado estado del bienestar en las democracias, se encuentran sometidas a las ideologías políticas, es decir, están vinculadas a los diferentes modos de concebir el mundo y de las teorías económicas que tratan de legitimar sus doctrinas. Para conseguirlo, la ideología imperante urde un sistema de sabiduría convencional mantenida y divulgada a través de los medios de propaganda que proporcionan una cultura hegemónica que la mayoría de los de abajo, paradójicamente, asumen, divulgan y sufren. La macroeconomía se crea en los años cuarenta como un sistema científico de conocimiento de los fenómenos económicos que tenía como finalidad evitar otra crisis como la del 29. Sin embargo, la ideología conservadora, acaparadora histórica de los poderes políticos y económicos, ha tejido un hábil código de dogmas, mitos y realidad seductora que de forma irracional captan las mentes, las voluntades y el voto del electorado en beneficio de los poderosos. La habilidad en el engaño llega a hacer ver necesarias, y sin más alternativa, medidas que atentan impunemente contra los derechos de los de abajo sin que éstos perciban que con ello aumenta el poder y la riqueza de los de arriba. Se impone un sistema mediante el cual la clase dominante, con el mínimo esfuerzo, se apropia de la riqueza producida por la ciudadanía. La democracia se convierte así en una pantomima de gestos que tratan de ocultar la violación de los derechos que deberían garantizar el bienestar general.

Simplificando mucho podemos decir que hay, dentro del sistema capitalista actual, dos teorías económicas contrapuestas que se ponen de manifiesto, sobre todo, en los períodos de crisis:

1.- Citaremos a dos premios Nobel de economía: Uno es Milton Friedman, que en su Escuela de Chicago gestó parte del actual latrogenocidio de las políticas neoliberales (por ejemplo, en el Chile de Pinochet, los Chicago Boys consiguieron, entre otras medidas antisociales, la privatización de las pensiones). Le precedió otro nobel artífice de la doctrina neoliberal: Friedrich Hayek, del que la Dama de Hierro, señora Thatcher, aprendió a eliminar paulatinamente el poder del Estado en favor de la empresa privada, llevándose por delante, sindicatos, educación, sanidad, pensiones; llegando a decir que “la sociedad no existe”, es decir, solo hay individuos aislados, sin poder, sometidos al orden establecido, que producen en las peores condiciones laborales y consumen.

Esta doctrina trata de reducir el Estado al mínimo imprescindible, lo justo para servirse de él en los períodos de crisis en un mercado sin reglas, en el que predomina la especulación financiera sobre la economía productiva. Persiguen controlar el gasto y reducir el déficit público; bajar los impuestos a los ricos; combatir a los sindicatos; basar la competitividad en dejar los salarios bajo mínimos, aunque incrementando sus beneficios; recortar al máximo los gastos en servicios sociales; desprestigiar lo público para que todo sea privatizado (pensiones, sanidad, educación…), excepto las pérdidas de la banca y de las grandes empresas.
Es la política que se dicta actualmente desde Bruselas y que está llevando al desastre a la Europa marginal. Estas políticas logran su mayor eficacia aprovechándose del miedo paralizante que provocan los momentos de crisis, de catástrofes naturales, de guerras, de dictaduras… Esto está muy bien documentado por la periodista canadiense Naomi Klein en La doctrina del shock, como vimos en otro artículo (14-10-2012): Las políticas del desastre.



2.- La teoría keynesiana. Toma su nombre de John Maynard Keynes, un nobel de economía que jugó un papel importante, sobre todo, tras la Gran Depresión del 29, pues sus teorías económicas aplicadas por el presidente Franklin D. Roosevelt a través de su plan económico del New Deal permitieron remontar la crisis en EEUU.



En los meses previos a la Conferencia de Bretton Woods (1944) se debatieron dos propuestas distintas para el ordenamiento monetario mundial, una de Estados Unidos y otra del Reino Unido. La británica fue elaborada por John Maynard Keynes y la estadounidense por Harry Dexter White.

El plan Keynes se apoyaba en la creación de un órgano internacional de compensación, el  International Clearing Union (ICU. Unión Internacional de liquidación), que emitiría una moneda internacional (Bancor) vinculada a las divisas fuertes con un cambio fijo. Mediante la ICU los países con excedentes financiarían a los países deficitarios. Así se tendría la ventaja de hacer crecer la demanda mundial y de evitar la deflación, lo que sería beneficioso para todos los países. EEUU, que poseía un enorme superávit, rechazó la propuesta e impuso la hegemonía del dólar. En esta Conferencia se creó el FMI y el BM, y más tarde (1948) la OCM. Aquí se fraguó la definitiva supremacía del poderoso imperio económico estadounidense. Hasta los años setenta, sus políticas keynesianas inauguran la llamada Edad Dorada del Capitalismo de Estado. Pero a partir de la citada década, la desregulación de los negocios especulativos (como comentábamos en nuestro anterior artículo (31-07-2012): El Gigante Hambriento) provoca el inicio del despótico período neoliberal que ha llevado hasta la crisis de los últimos años.

Ante la crisis actual, provocada por la codicia que anima el sistema que, carente de regulación política, actúa a sus anchas, otros economistas siguen la tesis keynesiana. Advierten de que, en la crisis actual, las políticas que solo atienden al control del déficit llevan a la paralización económica, al desempleo y a la recesión, entrando en un círculo vicioso que hunde a las clases bajas. Aseguran que en tiempos de crisis, aplicar recetas de austeridad es suicida. Entre estos economistas cabe citar, entre otros, a Joseph Stiglitz y a Paul Krugman. Son, por lo tanto partidarios de la intervención del Estado para reactivar la economía, fomentar el empleo y el consumo. Regular la actividad económica de las multinacionales y de la banca. Proteger los servicios sociales mediante la subida de impuestos y otras medidas. Representan para los ciudadanos la cara menos inhumana del capitalismo. Se encuentran siempre con una contundente oposición por parte de los políticos neoliberales y de los gurús del poder económico que está llevando a cabo una ominosa operación de desmantelamiento de las democracias a las que suplen para el saqueo y apropiación de la riqueza mundial.

Papel del Estado frente al verdadero poder

El principal deber del Estado democrático debe ser conseguir la mayor igualdad entre los ciudadanos, en lo económico, en lo político, en lo social y en lo cultural. Pero el poder político imperante no suele cumplir este contrato social, reflejado en parte en la Constitución, porque, guiado por la ideología neoliberal, cede a la presión de los lobbies de la banca y de las grandes empresas e incluso se identifica con sus intereses (recordemos la metáfora de la puerta giratoria, fielmente reflejado en este pérfido eufemismo: “capital relacional”; pero no al servicio del Estado, sino de intereses particulares). Blindados por la inmunidad parlamentaria, escusados por la mayoría alcanzada con el voto de los electores, algunos políticos se corrompen y se protegen dictando leyes que resultan ilegítimas, como es el caso referido a EEUU en el mandato de Clinton y que cita Josep Fontana: «… como dice Robert Scheer [periodista], se les había garantizado a los especuladores la impunidad, dada su capacidad de “modificar las leyes antes de cometer el crimen”». 

De este modo, el Estado, el único garante de la justicia social a través de los gobiernos, incumple el mandato constitucional, beneficia a los poderosos y abandona a su suerte a los pobres, a los que tienen un empleo precario y a los más vulnerables como son los parados y la mayoría de los pensionistas. 

Una progresiva y decidida voluntad popular de cambiar la tendencia está empezando a exigir un nuevo modelo económico postkeynesiano, institucional público, social, feminista, ecológico y ético, que considere al ser humano y a los demás seres de la naturaleza el centro de la acción política. Solo es necesario el compromiso de millones de voluntades para que exijan con su voto que este cambio se haga realidad. ¡Tan sencillo y tan complicado!

Continuaremos con las pensiones

10 jun. 2013

Pensiones con futuro (1)


Hay que reconocer la solidaridad de muchos ancianos y ancianas que, en este cruel período de crisis, con sus menguadas pensiones estén paliando la grave situación que padecen sus parientes que no tienen trabajo ni prestaciones sociales. Pero el futuro nos lo están pintando aún más sombrío con ocultas intenciones. A lo largo de estos artículos trataremos de descubrir porqué aunque el sistema de pensiones no debería de correr peligro, con tanto repetirnos que serán inviables, hemos llegado a creer la falacia de que no se podrán costear las pensiones futuras si no se rebajan, pero no se habla de que hay 63 mil millones en el fondo de reserva para hacer frente a este período de crisis y, en el peor de los casos, de aumentar los ingresos con cargo a los presupuestos del Estado para que, como establece la Constitución, los jubilados tengan garantizado que vivan con dignidad los últimos años de su vida.

Hasta hace dos años, nos han hecho creer que las pensiones han ido recuperando el poder adquisitivo (con la trampa de tomar el mes de noviembre como referencia y hacer bajar intencionadamente el precio de los carburantes para controlar el IPC). En 2012 se congelaron. Para este año, el Gobierno ha formalizado la subida del 1%, y del 2% para los jubilados que cobren menos de 1.000 euros al mes, pero no las ha
actualizado al 2,9% alcanzado en noviembre, con lo que han perdido más que poder adquisitivo (1,9 y 0,9 puntos, respectivamente). También ha establecido las cuantías de las pensiones mínimas de jubilación, fijadas a partir de 8.838,2 € (14 pagas de unos 631 €), y las máximas, que no podrán superar los 2.548 mensuales. Las pensiones no contributivas se situarán en 365 mensuales la máxima y unos 91 la mínima.

El real decreto de 15 de marzo pasado ha venido a agravar aún más la situación al aplicar para empeorarla una reforma a la reforma de 2011. Merece una reacción contundente porque hay que tratar de parar este nuevo golpe a los pensionistas que además incluirán “novedades” para los próximos meses, como introducir el factor de sostenibilidad, para ahorrar gastos sin pensar en los ingresos. Las intenciones del ministro Montoro con la “desindexación” son una seria amenaza, porque un comité de 12 expertos están elaborando un informe sobre la base de desvincular las pensiones del IPC y otros factores que supondría una pérdida del poder adquisitivo de casi un 10 por ciento. De momento nos han legislado con alevosía sobre los parados de más de 55 años, sobre los empleados de más de 50 años sujetos de despido, sobre los años cotizados para acceder a la jubilación, sobre la jubilación activa… Y todo cuanto Bruselas quiera exigir.

¿Quiénes son esos 12 expertos que van a decidir las pensiones de casi diez millones de pensionistas y de casi quince en las próximas décadas? Perdón, no son expertos, son sabios. ¿Quién podrá dudar de la sabiduría de esas eminencias? Aclaremos, nueve de ellos son afines a los intereses de la banca, de las financieras y de las grandes compañías aseguradoras. Sí, sí, esas que están ansiosas por meterle mano a la gran tarta de las pensiones. La consecuencia final es que las pensiones llegarán a perder año a año su poder adquisitivo. Esto hará necesario que los pensionistas que puedan ahorrar suscriban fondos de pensiones, que, con el juego especulativo, las aseguradoras alcanzarán pingües beneficios. Con crisis y sin crisis, la SS (pensiones, desempleo y FOGASA) son una perita en dulce para las entidades financieras y la banca (más de 128 mil millones para 2013). Así lo cree el profesor Vicenç Navarro: “La Seguridad Social maneja, en cualquier país, la mayor cantidad de dinero que exista en aquel país. De ahí que la banca, ayudada por la presión de los mercados financieros, desearía intervenir en el manejo y gestión de tales fondos.”