14 jul. 2014

Nos amenaza el Tratado de Libre Comercio



¿Alguien ha oído en la campaña de las pasadas elecciones europeas al PP o al PSOE hablar del Tratado de Libre Comercio entre la UE y EEUU? Ni palabra. ¿Por qué? Porque es un secreto. ¿Por qué es un secreto, si ya se está empezando a vender la criatura como que va a traer crecimiento, progreso y cientos de miles de puestos de trabajo en toda Europa y, de forma significativa, en España? Porque es mentira.


Veamos en qué consiste el prodigioso Tratado. Lo haremos de la mano de las explicaciones que hace en un vídeo el profesor Juan Torres. El comercio internacional se condiciona a través de tres tipos de medidas que tratan de proteger la producción propia y el comercio interior:

1.     Mediante impuestos o aranceles a los productos que vienen de fuera. Al encarecer estos productos se reduce su efecto negativo sobre el consumo de los productos internos.
2.     Limitando el contingente, es decir la cantidad de productos que llegan al mercado nacional.
3.     A través de normas y regulaciones para proteger la salud, los intereses del consumidor y el medio ambiente.

Según parece, las dos primeras medidas no afectarían demasiado al intercambio comercial entre ambas zonas. Pero en cuanto a las normas y regulaciones, el efecto sobre los países europeos puede ser muy, muy perjudicial, si lo valoramos desde el punto de vista del interés general y no de las grandes empresas. No va a consistir en aplicar, en beneficio de la ciudadanía, lo mejor de las políticas económicas de las dos partes. Será todo lo contrario. Veamos qué pretende el Tratado en cuanto a las regulaciones:

A) Imponer en Europa la equivalencia en las normas. Claro está, suavizándolas como en EEUU, que son muy poco garantistas. El poder de las multinacionales  no admite  que se pongan límites a sus beneficios, con lo que el consumidor queda muy desprotegido en cuanto a derechos laborales, salubridad de los productos, respeto al medio ambiente...
 B) Proteger la inversión. Es decir, frente al interés general que ha de proteger el Estado, se va a favorecer el interés privado. Esto conduce a que los Estados indemnicen a las grandes empresas cuando se consideren perjudicadas por las decisiones de los gobiernos.
C) Otorgar poder a tribunales específicos (casi secretos), que, por encima de las leyes nacionales, puedan exigir la compensación de los supuestos perjuicios causados a las multinacionales. Eso, como ya va siendo costumbre, con el dinero de nuestros impuestos que deberían ir destinados a recuperar el vapuleado estado del bienestar.

Con estas condiciones, ¿qué nos espera a los pueblos de Europa? ¿Afectará a nuestras vidas? Nos tememos que, si no somos capaces de evitarlo, van a ocurrir cosas como estas: Recortarán todavía más los salarios y los gastos sociales públicos en beneficio de las empresas privadas. Se impondrá la práctica extractiva del fracking para la obtención de gas y petróleo, sin valorar su alto poder contaminante sobre el entorno natural y las poblaciones, obstaculizando el desarrollo de las energías renovables y limpias, para imponer sus patentes.  Hundirá la naciente agricultura ecológica al invadirnos con productos transgénicos, cuyos efectos sobre la salud y el medio ambiente no interesa que se conozcan. Desaparecerán las etiquetas informativas que ahora exige la UE. La UE también exige probar que un producto no perjudica la salud ni es contaminante, pero en EEUU es el consumidor o el Estado el que tiene que demostrar que es perjudicial. Esto ha causado muchísimas muertes en el país americano por productos contaminados con aditivos muy insanos, como las hormonas en la carne, entre otros miles de tratamientos químicos, potencialmente cancerígenos, prácticamente desregulados. En la UE, por el momento, se ofrecen mayores garantías porque se hace un seguimiento desde el lugar de producción hasta el de su comercialización y venta…

Esta es la realidad que va a provocar este tramposo Tratado. Y se va a vender como el maná que nos va a traer desarrollo económico, más riqueza y empleo masivo. Pues bien, la experiencia con otros tratados similares en el comercio global han demostrado que han causado mayor riqueza a las grandes multinacionales, a costa del empobrecimiento de los pueblos.


La propaganda atacará, como siempre, a los que denuncien tanto engaño y serán demonizados, como ya estamos viendo que ocurre con quienes se atreven a cuestionar a los que mandan en el país como si fuera su cortijo ¿Queremos parar esto?  ¿Desde el sofá? ¿Seguiremos dejándonos engañar? Quizás haya que pensarse más seriamente si el silencio o el voto equivocado nos librarán de esta tiranía. 

3 comentarios:

  1. Excelente entrada, incisiva, mordaz, que, de forma muy clara, expone la tremenda realidad que los políticos nos están ocultando y, aún peor, nos quieren vender como una perfecta panacea o elixir maravilloso.
    Me pregunto:
    ¿Cuándo tomaremos conciencia l@s ciudadan@s de que para el capital y sus serviles vasallos los gobiernos de turno, el pueblo no significa nada? (Y soy benévola en esta afirmación).
    ¿Cuándo nos daremos cuenta de que la propaganda política y mediática solo sirve a los “amos del mundo”: los ricos y superricos?
    ¿Cuándo creeremos en la enorme importancia y poder de nuestro voto para no dejarlo, alegremente y sin reflexionar, en manos de nuestros verdugos?
    ¿Cuándo seremos conscientes de que la ciudadanía, organizada y unida, es la única que puede cambiar la injusta realidad actual y la futura –y peor- que se está gestando?
    ¿Cuándo nos uniremos para decir: ¡Basta ya! de tanto sufrimiento?
    ¡Podemos hacerlo! Prueba de ello fue el 22M. Ese día se puso de manifiesto, como dice M. Monereo, que hay fuerza para la movilización y el compromiso social si se organiza la unidad y se definen bien los objetivos.
    Hemos de tener bien clara una cosa: La oligarquía capitalista (grandes empresas, multinacionales…) apoyada por los numerosos ejércitos con los que cuenta (los gobiernos) irán cercenando –hasta dejarnos sin nada- todos nuestros derechos.
    ¿Podemos dejar que esto ocurra? Actuemos con firmeza, unidos, decididos, sin miedo, sin caer en sus trampas, sin dejarnos convencer por sus mentiras para parar este expolio y acabar con esta tiranía. Que no tengamos que dar, horrorizados, ese angustioso ¡grito! que Munch plasmó en el lienzo.

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  2. ¡Estupenda entrada e interesante comentario de Alondra!
    Es necesario que los ciudadanos nos unamos, ahora, más que nunca, como ya hemos dicho muchas veces, para luchar pacíficamente contra tanta injusticia que nace de la ambición descontrolada de los poderosos. El pueblo es quien debe tomar la palabra, y no solo cada cuatro años en las urnas, sino cada día. Entre todos podemos lograr que esta situación cambie, y sabemos que poco a poco estamos empezado a hacerlo.

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  3. Como viene siendo habitual, vuestros comentarios añaden relevancia, profundidad y una valiosa energía cívica a estos artículos que tratan de proyectar alguna luz sobre una malintencionada realidad que nos oculta el poder y que provoca tan desastrosos efectos sobre los confiados ciudadanos. Lo incomprensible es que la mayoría aún siga sin quitarse la venda de los ojos.

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