24 dic. 2014

Carta navideña al Papa Francisco

  

Por favor, Santidad, no permita que el Obispado de Córdoba se apropie de la Mezquita. Durante siete siglos ha sido usuario del monumento sin ningún problema y sin pretender ser propietario, pero los últimos obispos (desde finales de los años 90 del siglo pasado) están haciendo un esfuerzo extraordinario por apropiarse de él, infravalorar su pasado andalusí e incluso eliminar el nombre de Mezquita, obviando que fue a esta a quien la UNESCO nombró Patrimonio Universal de la Humanidad.
Para lograr sus propósitos exponen argumentos que nada tienen que ver con el Evangelio ni con el Concilio Vaticano II y se basan en leyes españolas “pre” o probablemente inconstitucionales (ley de 1998 del gobierno Aznar que legalizó lo que antes era ilegal: las inmatriculaciones).

Santidad, somos muchísimas las personas, incluyendo cristianos de base, que vemos atónitos, con incredulidad e indignación, la voracidad de riqueza, el ansia de posesión instalada en la jerarquía eclesiástica. Nos preguntamos cómo ha podido olvidar el modelo evangélico, el ejemplo de Cristo: pobreza y justicia social. ¿Fundó Jesús una Iglesia para acumular riquezas? Ha olvidado pasajes evangélicos que convendría recordar,  como, entre otros: (Mt 2, 19-21; 19, 16-22, 24), (Lc 18, 18-25), (Mc 10,17-22, 25)
Vemos totalmente imprescindible inquirir sobre esta actitud de la jerarquía de la Iglesia que, ignorando la frase de su fundador, piensa que su Reino sí es de este mundo.
Santidad, como representante de Cristo en la Tierra, sabemos que tiene la ingente, ardua e inalienable misión de que se cumpla su mensaje de pobreza y, sobre todo, de justicia social, especialmente entre la jerarquía eclesiástica,  porque nada es tan destructivo y farisaico como predicar con buenos consejos dando  malos ejemplos.


Pienso que no es osadía el haberme dirigido a Su Santidad porque lo hago desde la cercanía que me inspira su talante. Con la cercanía, sencillez y confianza con la que se podría dirigir un creyente a Jesús, si se lo pudiera encontrar. ¿No se indignaría al escuchar su queja como se indignó con los mercaderes en el templo?
Carmen Moreno